Erica arborea



Descripción: Muy ramoso y de porte erecto suele medir de 0,50 cm a 2m m de altura, aunque a veces se convierte en un arbolillo de hasta 7 metros en Andalucía occidental y puede llegar a los 15 m en Canarias. Tiene las ramillas blanquecinas, peludas; las hojas se agrupan en verticilos de 1 ó 2 y son muy estrechas, lineares, lampiñas, y casi aciculares; miden de 1 a 3 mm de longitud. Las flores, que se producen en gran número formando una gran panícula piramidal son de color blanco o sonrosado, largamente pediceladas, con pedicelo provisto de 2 ó 3 pequeñas brácteas; corola acampanada hendida de 4 (5) lóbulos anchos, con 8 estambres. Cápsula lampiña, abridera en 4 valvas. Florece desde febrero o marzo hasta julio o agosto, según localidad.

Hábitat: Tiene su ambiente natural en orlas de bosque silicícolas no muy secos, donde alcanza un robusto porte que justifica su nombre; pero puede presentarse también en zonas de alta montaña, en brezales secos y soleados, donde se presenta con porte mucho más reducido.

Reproducción: Presenta gran cantidad de semillas muy pequeñas y ligeras que permiten la dispersión eólica, pudiendo llegar estas a cualquier rincón del bosque. No obstante estas sólo pueden germinar en áreas en las que no estén cubiertas por la bóveda forestal, ya que necesitan luz solar directa y ausencia de mantillo. Las semillas nunca germinan junto a su progenitor debido a la sombra que proyecta. De este modo el brezo suele ser el árbol que recomponga la bóveda forestal cuando ésta ha desaparecido debido a la muerte de un árbol, o a la tala. Esto permite que suela ser el primer árbol que se desarrolle en las zonas agrícolas abandonadas que se encuentran en el entorno potencial de la laurisilva o cortafuegos abandonados. Estas zonas se pueblan inicialmente de helechos que luego dejan paso a una comunidad arbustiva, siendo los brezos los primeros en desarrollarse. Nunca rebrota de cepa a no ser que haya sido talado.

Nombre común: Brezo blanco